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He sido juzgado y condenado perpetuamente como un criminal que no merece siquiera fianza, consuelo de abogado ni visita.
Mi hábitat es un hoyo oscuro, tétrico, asqueado y frio. Allí me encuentro atado de pies y manos, con ojos vendados.
Hambriento, recuerdo su elocuencia y sabiduría bíblica; sus promesas; las muchas aguas, los ríos; también sus humillaciones, sus trampas y todo converge en un mismo resonar de extremo a extremo a golpes en mi mente.
Mientras allí permanezco, aislado, donde lo único que mi paladar toca es lo salado de mis lágrimas, tarareo nuestra canción e imagino y deseo que el alba, justo cuando despierte y abra sus ojos al amanecer, su día enormemente bendecirá.
07/24/2009
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